Monday, November 30, 2020

Recuerdos...


Según estudios, el carácter está en parte determinado por la herencia genética, por la influencia de la educación y el ambiente que rodea al niño. Es decir, estamos programados de cierta manera, gracias a la carga genética de nuestros padres para comportarnos de cierta forma, tal y como dice el refrán “Hijo de tigre, pintito”.

Cuando yo era pequeña, era admiradora de una persona extraordinaria, mi bisabuelo Juan, desde que tengo uso de razón, admiraba a mi bisabuelo porque era un hombre notable y lleno de sabiduría.

Mi bisabuelo fue mi maestro de inglés, como maestro, era muy estricto, por supuesto, que fuera su bisnieta no me libraba de dicha disciplina, hoy en día, agradezco que me enseñara por medio del ejemplo y la disciplina ya que, eso me ayudó en el transcurso de mi vida.

Él era un hombre muy apuesto, alto, blanco, de ojos azules como el mar y de cabello plateado, es así tal y como lo recuerdo, aparte de ser apuesto físicamente, lo era en su forma de ser, era amable, cariñoso, inteligente, caballeroso, hablaba con propiedad y tenía una letra hermosa, recuerdo perfectamente los escritos que vi con su letra manuscrita plasmada con tinta china, eran una obra de arte.

Mi abuela Ana, hija de mi bisabuelo Juan, era igual a él, blanca, de ojos verdes como las esmeraldas, de cabello ondulado y una silueta hermosa, seguro mi abuela de joven fue una rompe corazones, era muy bella, siempre lo fue.

Y de su carácter ni hablar, era una mujer súper entregada, cariñosa, educada, creyente, inteligente, le encantaba leer y tejer. De mi abuela yo tengo el hábito de la lectura y mi hermana Nancy la habilidad para tejer hermosas prendas.

Mi bisabuelo tuvo 12 hijos en total, cada uno de ellos son o fueron mujeres y hombres extraordinarios, en mi niñez conviví mucho con la familia de mi abuela paterna, por tanto, conservo en mi memoria muchos bellos recuerdos de cada uno de ellos.

Al despertar esta mañana, lo primero que se me vino a la mente, fue la imagen de mi bisabuelo sonriéndome, como cada tarde cuando llegaba a su casa para tomar mi clase de inglés, siempre me recibía con su hermosa sonrisa y así fue durante los 5 años que asistí a su clase. 

Dicen que cada una de las personas que son parte de nuestra vida, dejan una huella en nuestra mente, bueno en realidad dicen en el corazón, pero bien sabemos que todos los recuerdos y los sentimientos se almacenan en nuestro cerebro, mi bisabuelo Juan y mi abuela Ana dejaron una huella profunda, llena de amor y conocimiento en mí y es por ello, que hoy escribo un poco de todo lo bello que ellos fueron para mí.

Vivamos de tal manera que cada día cuente, que podamos amar a quién queramos de la manera que deseamos, que cada día aprendamos y experimentemos cosas nuevas, que siempre seamos capaces de soñar despiertos, que al final de nuestro camino podamos decir que hemos vivido, como dijo Joseph Joubert “Dios hizo la vida para vivirla y no para conocerla”.

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