¿Cuántas
veces hemos escuchado la frase: “lo que hacemos en la vida tiene eco en la
eternidad”? qué pasaría si cambiamos el contexto de la frase por: lo que
decimos en la vida tiene eco en la eternidad.
En esta
época de Millennials o como muchos la conocen la generación Peter Pan, se han
encargado de cambiar el contexto de los valores y han creado sus propios y
nuevos valores, los cuales se apegan más a lo que vivimos en la actualidad
según ellos argumentan. El reflejo de nuestra sociedad, nos dará una clara idea
de, si se han tomado sabias decisiones o, si vamos en retroceso en cuanto a
tratar de una manera correcta a las personas y de preocuparnos sinceramente por
ellas. Se dice que la sociedad es un reflejo de nuestros pensamientos, te
invito a que mires a tu alrededor y me digas exactamente, ¿qué estamos
pensando?
Nuestras
palabras afectan a las personas de una manera que no podemos comprender o quizá, no nos detenemos a observar. Nos hemos vuelto egoístamente egocéntricos y despreocupados
por los seres que nos rodean, y por seres me refiero a la población humana, a
los animales, a las plantas y a todo organismo vivo con el que tenemos contacto
en nuestro día a día.
Decimos lo
que queremos porque pensamos que estamos en nuestro derecho de exteriorizar
todo lo que queramos, es mi derecho y mi obligación, -argumentamos-. Acaso, nos hemos
puesto a pensar que, no todas las personas perciben de la misma manera el mundo
y por lo tanto no sienten ni expresan sus sentimientos de la misma manera?
¿Qué pasa si
lo que digo a una persona que esta deprimida, triste y decepcionada de la vida
es la gota que derrama su vaso? Si, podremos decir: que exagerada!, que
dramática!, que poco aguante tiene! Todos hemos sufrido en esta vida y no
actuamos de esa manera! O la tan típica frase: que niña!. Sin embargo,
acaso nos detenemos a reflexionar que la otra persona simplemente percibe y por
lo tanto vive “su” vida de diferente manera?
No podría
contar con mi mano todas las veces que he llorado sola abrazando mi almohada al
caer la noche y al amanecer tener que ir a trabajar como si nada pasara, pero, sobre todo, cada ocasión que alguien pregunta -sin detenerse a escuchar mi
respuesta- ¿cómo estás? Responder con un mecánico: bien gracias! Entonces yo
podría pensar si yo puedo hacerlo todos pueden! Que error más grande y que
manera tan egoísta de ver el mundo, ya que debemos recordar que cada persona es
un mundo y entonces las reglas que se aplican en mi mundo no son las mismas
reglas que se observan en los mundos de las personas que me rodean.
Hemos dejado
de ver a los demás como parte de nuestra sociedad y nos hemos olvidado que para
que una sociedad subsista y progrese debemos preocuparnos por los demás. No
estamos solos en este mundo, necesitamos a la sociedad para poder elevarnos y
ser mejores seres humanos.
Por mi
parte, a partir de este momento recordare que mis palabras tienen poder y que
cada palabra que sale de mi boca produce un estímulo en la persona que la está escuchando, me gustaría que pudiéramos hacer el esfuerzo por tratarnos mejor, sobre todo preocuparnos un poco más por la persona que está a nuestro
lado.
Concluyo con
esta nota de Domingo de Soto quien fue un fraile dominico y teólogo: “¿qué
juicio es ese por el cual, a base de cierto rumor ligero, condenas a tu
prójimo? "


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