Friday, May 5, 2017

Las palabras tienen poder.

¿Cuántas veces hemos escuchado la frase: “lo que hacemos en la vida tiene eco en la eternidad”? qué pasaría si cambiamos el contexto de la frase por: lo que decimos en la vida tiene eco en la eternidad.

En esta época de Millennials o como muchos la conocen la generación Peter Pan, se han encargado de cambiar el contexto de los valores y han creado sus propios y nuevos valores, los cuales se apegan más a lo que vivimos en la actualidad según ellos argumentan. El reflejo de nuestra sociedad, nos dará una clara idea de, si se han tomado sabias decisiones o, si vamos en retroceso en cuanto a tratar de una manera correcta a las personas y de preocuparnos sinceramente por ellas. Se dice que la sociedad es un reflejo de nuestros pensamientos, te invito a que mires a tu alrededor y me digas exactamente, ¿qué estamos pensando?

Nuestras palabras afectan a las personas de una manera que no podemos comprender o quizá, no nos detenemos a observar. Nos hemos vuelto egoístamente egocéntricos y despreocupados por los seres que nos rodean, y por seres me refiero a la población humana, a los animales, a las plantas y a todo organismo vivo con el que tenemos contacto en nuestro día a día.

Decimos lo que queremos porque pensamos que estamos en nuestro derecho de exteriorizar todo lo que queramos, es mi derecho y mi obligación, -argumentamos-. Acaso, nos hemos puesto a pensar que, no todas las personas perciben de la misma manera el mundo y por lo tanto no sienten ni expresan sus sentimientos de la misma manera?

¿Qué pasa si lo que digo a una persona que esta deprimida, triste y decepcionada de la vida es la gota que derrama su vaso? Si, podremos decir: que exagerada!, que dramática!, que poco aguante tiene! Todos hemos sufrido en esta vida y no actuamos de esa manera! O la tan típica frase: que niña!. Sin embargo, acaso nos detenemos a reflexionar que la otra persona simplemente percibe y por lo tanto vive “su” vida de diferente manera?

No podría contar con mi mano todas las veces que he llorado sola abrazando mi almohada al caer la noche y al amanecer tener que ir a trabajar como si nada pasara, pero, sobre todo, cada ocasión que alguien pregunta -sin detenerse a escuchar mi respuesta- ¿cómo estás? Responder con un mecánico: bien gracias! Entonces yo podría pensar si yo puedo hacerlo todos pueden! Que error más grande y que manera tan egoísta de ver el mundo, ya que debemos recordar que cada persona es un mundo y entonces las reglas que se aplican en mi mundo no son las mismas reglas que se observan en los mundos de las personas que me rodean.

Hemos dejado de ver a los demás como parte de nuestra sociedad y nos hemos olvidado que para que una sociedad subsista y progrese debemos preocuparnos por los demás. No estamos solos en este mundo, necesitamos a la sociedad para poder elevarnos y ser mejores seres humanos.

Por mi parte, a partir de este momento recordare que mis palabras tienen poder y que cada palabra que sale de mi boca produce un estímulo en la persona que la está escuchando, me gustaría que pudiéramos hacer el esfuerzo por tratarnos mejor, sobre todo preocuparnos un poco más por la persona que está a nuestro lado.

Concluyo con esta nota de Domingo de Soto quien fue un fraile dominico y teólogo: “¿qué juicio es ese por el cual, a base de cierto rumor ligero, condenas a tu prójimo? "

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