Tuesday, October 6, 2015

En un segundo…

¿En alguna ocasión fuiste arrastrado por una ola? Si es que tú nunca pasaste por ese tipo de experiencia, permíteme contarte mi enfrentamiento con una ola. Todo sucedió hace un poco más de 21 años, me encontraba plácidamente rompiendo las olas yendo al encuentro de mi padre y mis hermanas (cabe mencionar que me encontraba en el octavo mes de gestación de mi hijo primogénito) y de pronto alguien grita mi nombre a mis espaldas. Naturalmente gire mi cabeza solo para encontrarme en un segundo atrapada bajo la furia de una ola. Esos pocos segundos fueron los más eternos en mi vida. Por un instante mi cabeza se quedó en blanco y solo existía oscuridad en mis pensamientos, segundos después me llego una desesperación ya que al perder el sentido de orientación no sabía si salía a la superficie o si me hundía en el fondo del mar. Súbitamente me encontré a salvo sentada en la arena a la orilla del mar regresando todo a su estado habitual (Claro está, después de ser grandemente reprendida por mi abuela materna).

Me gustaría utilizar esta experiencia como alegoría para ilustrar algunos acontecimientos que nos suceden en la vida diaria. En ocasiones nos encontramos enfrentando hechos que no desearíamos tener que lidiar con ellos, sin embargo, no tenemos elección tenemos que atravesar por ellos. Algunos de esos sucesos podrían ser la pérdida de un ser querido, el absentismo del ser amado, la pérdida o ausencia total de un trabajo, la falta de compromiso de algunas personas para cumplir sus promesas, la falta de amor propio, el alejamiento de Dios y podría seguir enumerando muchos más. Por ahora me quedare con estos, ya que cada uno de nosotros conoce exactamente las pruebas que ha tenido que enfrentar. Al igual que cuando me arrastro la ola, se requiere de un segundo para literalmente poner nuestro mundo de cabeza y hacernos sentir que todo está perdido. Es en ese instante cuando recibimos una mala noticia o reconocemos que nuestras necesidades emocionales no están siendo satisfechas, que sentimos sumergirnos en un oscuro y frío mar del cual creemos no seremos capaces de escapar.

Comenzamos a autocriticarnos, autoflagelarnos o en el peor de los casos a autodestruirnos. Permitimos que ese momento de nuestra vida se convierta en el más importante de nuestra existencia. Nos olvidamos que la vida está llena de experiencias y que esa tribulación solo será por un breve momento. Nos hundimos en esa situación y no podemos concebir una manera de salir de ella. Empero, al igual que cuando el mar por si solo me saco sana y salva a su orilla, de esa misma manera pasaremos por cada una de esas experiencias en nuestra vida.

Cada acontecimiento en la vida, no es un problema más bien es una oportunidad de aprendizaje y crecimiento, por lo cual necesitamos asimilar y no perder de vista que cada situación que enfrentamos tiene ángulos diferentes, al comprenderlo de esta manera podremos ver con más claridad hacia donde nos dirigimos y el por qué tenemos que pasar por ese tenebroso y empedrado camino. La vida puede ser como uno desee, ya sea un plácido día en la playa sorteando las olas o un día lluvioso triste y desolado. Con esto no deseo se mal entienda, la vida tiene experiencias buenas y otras no tan agradables, no obstante, nosotros decidimos cómo reaccionar ante ellas.

En conclusión, lo que yo espero es que podamos vislumbrar la orilla de la playa aun en nuestro esfuerzo desesperado por llegar a ella, que la oscuridad debajo de ese inmenso mar no nos haga olvidar el sol que hace unos momentos disfrutábamos intensamente. Que vivamos por el simple hecho de vivir y que soñemos por el simple hecho de existir. 

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