¿En alguna
ocasión fuiste arrastrado por una ola? Si es que tú nunca pasaste por ese tipo
de experiencia, permíteme contarte mi enfrentamiento con una ola. Todo sucedió hace
un poco más de 21 años, me encontraba plácidamente rompiendo las olas yendo al
encuentro de mi padre y mis hermanas (cabe mencionar que me encontraba en el
octavo mes de gestación de mi hijo primogénito) y de pronto alguien grita mi
nombre a mis espaldas. Naturalmente gire mi cabeza solo para encontrarme en un
segundo atrapada bajo la furia de una ola. Esos pocos segundos fueron los más
eternos en mi vida. Por un instante mi cabeza se quedó en blanco y solo existía
oscuridad en mis pensamientos, segundos después me llego una desesperación ya
que al perder el sentido de orientación no sabía si salía a la superficie o si me
hundía en el fondo del mar. Súbitamente me encontré a salvo sentada en la arena
a la orilla del mar regresando todo a su estado habitual (Claro está, después
de ser grandemente reprendida por mi abuela materna).
Me gustaría
utilizar esta experiencia como alegoría para ilustrar algunos acontecimientos que
nos suceden en la vida diaria. En ocasiones nos encontramos enfrentando hechos
que no desearíamos tener que lidiar con ellos, sin embargo, no tenemos elección
tenemos que atravesar por ellos. Algunos de esos sucesos podrían ser la pérdida
de un ser querido, el absentismo del ser amado, la pérdida o ausencia total de
un trabajo, la falta de compromiso de algunas personas para cumplir sus
promesas, la falta de amor propio, el alejamiento de Dios y podría seguir
enumerando muchos más. Por ahora me quedare con estos, ya que cada uno de
nosotros conoce exactamente las pruebas que ha tenido que enfrentar. Al igual
que cuando me arrastro la ola, se requiere de un segundo para literalmente poner
nuestro mundo de cabeza y hacernos sentir que todo está perdido. Es en ese
instante cuando recibimos una mala noticia o reconocemos que nuestras
necesidades emocionales no están siendo satisfechas, que sentimos sumergirnos en
un oscuro y frío mar del cual creemos no seremos capaces de escapar.
Comenzamos a autocriticarnos, autoflagelarnos o en el peor de los casos a autodestruirnos. Permitimos que ese momento de nuestra vida se convierta en el más importante de nuestra existencia. Nos olvidamos que la vida está llena de experiencias y que
esa tribulación solo será por un breve momento. Nos hundimos en esa situación y
no podemos concebir una manera de salir de ella. Empero, al igual que
cuando el mar por si solo me saco sana y salva a su orilla, de esa misma manera
pasaremos por cada una de esas experiencias en nuestra vida.
Cada acontecimiento
en la vida, no es un problema más bien es una oportunidad de aprendizaje y
crecimiento, por lo cual necesitamos asimilar y no perder de vista que cada
situación que enfrentamos tiene ángulos diferentes, al comprenderlo de esta
manera podremos ver con más claridad hacia donde nos dirigimos y el por qué
tenemos que pasar por ese tenebroso y empedrado camino. La vida puede ser como
uno desee, ya sea un plácido día en la playa sorteando las olas o un día
lluvioso triste y desolado. Con esto no deseo se mal entienda, la vida tiene
experiencias buenas y otras no tan agradables, no obstante, nosotros
decidimos cómo reaccionar ante ellas.
En conclusión, lo que yo espero es que podamos
vislumbrar la orilla de la playa aun en nuestro esfuerzo desesperado por llegar
a ella, que la oscuridad debajo de ese inmenso mar no nos haga olvidar el sol
que hace unos momentos disfrutábamos intensamente. Que vivamos por el simple
hecho de vivir y que soñemos por el simple hecho de existir.


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