
Alguna ves te has sentido como si fueras una marioneta con
la que la vida se empeña en jugar un juego macabro?, cuando uno piensa que las
cosas van a estar mejor o que la felicidad se presenta ante tu puerta, algo o
alguien se empeña en regar semillas de discordia, desconfianza, tristeza u
cualquier otra cosa negativa a tu alrededor.
Es como si no les gustara ver a los demás felices,
realizados o simplemente con tranquilidad interior. La envidia, el orgullo, el
chisme y tantas cosas que dañan a lo más puro que es el amor, se esparcen como
hierva entre la siembra, tratando de robarse todo lo bueno que en ellos hay. Lo
más increíble de todo ello es que la gente se supone te ama y debería cuidarte
es la que más daño te hace, creyendo que tienen el derecho de decirte que
hacer, no les importa cómo te hagan sentir con sus comentarios “sinceros”.
Esas personas siempre se cuidan de decir cosas que hieran a
las gentes que los rodean, solo que se les olvida y sin reparo comentan cosas
que dañan a sus “seres queridos”, o como dicen candil de la calle oscuridad de
la casa, pareciera ser que los seres humanos nos empeñamos en ir por la vida
con todo tipo de máscaras que nos ponemos al salir de casa, y hacemos todo lo
que está a nuestro alcance para ocultar lo que en verdad albergamos en lo más
profundo de nuestro ser.
Lo que yo pienso es que esas personas no son felices con lo
que tienen, hacen o de la manera que viven, por ello cuando alguien si lo hace
y se ve feliz, se empeñan en que sean o se sientan igual que ellos, pero quien
dice que es bueno y que no, la única persona que puede y debe decir o decidir
es uno mismo, y si las cosas no son como “deberían ser”, nadie lo sabe solo
quien lo vive y lo siente, al fin y al cabo a eso venimos a esta vida para
aprender, ser felices, vivir pero sobre todo para entregarse al amor que es lo
más grande y la clave para ser feliz.
Así que mi corazón, mi amor, mis pensamientos, mis sentimientos,
mi cuerpo, y mi ser le pertenecen por completo.

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