
Cuantas veces hemos dicho o escuchado decir: No tengo lo que deseo, pero es suficiente, se nos olvida muy a menudo que somos seres divinos con un poder infinito capaces de lograr cualquier sueno.
Dicen que los sueños son como semillas que debemos cultivar para ver al final el resultado; no obstante, la mayoría de las veces ponemos esa semillita en un terreno árido, es decir, nos rodeamos de personas que nos cortan las alas, nos roban los sueños o nos tienen atados a nuestro pasado.
Debemos recordar que siempre hay una segunda, tercera, cuarta o quinta oportunidad para volver a comenzar.
No permitamos que al final del camino estemos llenos de lamentaciones por lo que no hicimos y lo que pudo haber pasado.
Seamos hacedores y rodeémonos de personas que nos multipliquen las sonrisas, seamos como David y enfrentemos a nuestro Goliat sin temor, sabiendo que estamos preparados y sobre todo que tenemos a nuestro lado a la persona que jamás nos defraudara.
Como dijo Edwin Markham: “Grande es soñar el sueño cuando en tu juventud estas junto al estrellado arroyo. Pero más grande aun es luchar a lo largo de tu vida para al final poder decir que el sueño se cumplió”

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